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  • El autor de Calma Pueblo

    Marcel

    Mi nombre es Marcel, soy Cubano y Habanero (así, con mayúsculas). Nací en los "maravillosos" 80's. Soy Licenciado en Ciencia de la Computación en la Universidad de la Habana, mi otra casa.
    Calma Pueblo nace de la necesidad de expresarme. No soy periodista, sino analista por cuenta propia, y sin licencia... solo aquella que a cada rato encuentro en mis argumentos.

Calabazas

27 de Septiembre de 2010
Por Marcel Gómez

Recientemente la dirección del país dio a conocer la escandalosa estadística de que existe un millón de plazas laborales improductivas en las empresas estatales nacionales. Ese millón se traduce en trabajadores que reciben un salario supuestamente subvencionado por el estado debido a su poca productividad. La “solución” a esta coyuntura económica fue anunciada rápidamente: 500 mil trabajadores serán “liberados” eventualmente, según corresponda a sus entidades, acorde con una planificación que ya está en marcha a nivel de ministerios.

Esta disyuntiva en la que se encuentra Cuba hoy demuestra, a las claras, cómo la toma de decisiones sobre problemáticas nacionales se balancea cual si jugáramos en un cachumbambé eterno. Lo que ayer fue una solución, hoy es un problema.

Todos debemos recordar los primeros años de este siglo y las medidas que se tomaron para aplacar la situación de ese momento. Se inventaron escuelas para Trabajadores Sociales, Maestros Emergentes, las universidades municipales, etc.; toda una estrategia de universalización de la enseñanza que hoy nos permite ostentar (¿o acaso avergonzarnos?) de tener un millón de graduados universitarios en Cuba. Asimismo, en la segunda mitad de 2009, se aplicó una resolución del Ministerio del Trabajo para legalizar el pluriempleo, de manera que los cubanos podríamos realizar un segundo trabajo en el tiempo libre, y ocupar plazas en aquellas empresas que necesitaran más personal para realizar una determinada labor.

Hoy día, los trabajadores cubanos se reúnen en sus sindicatos con dirigentes del gremio y administrativos, solo para hacerles comprender la problemática de sobre-empleo que existe en las empresas nacionales y que, por tanto, es inminente revertir esta situación. ¿Será que una vez que comprendamos el origen del problema, nos será más fácil enfrentar el desempleo? En este punto, todavía no hay una versión oficial completa sobre las opciones que tendrían aquellos que queden sin trabajo; solo se hizo pública la lista de oficios que estarán disponibles para obtener una licencia, y algunas consideraciones sobre la implementación de determinados oficios, pero de manera muy general. Al parecer no se han determinado los mecanismos de solución a esta crisis.

En el paro

En el paro


El pueblo es un mar de dudas, y no es para menos. Las personas se preguntan qué será de aquellas familias cuyo único sustento es una persona que queda sin trabajo; cómo será el proceso de elección entre un trabajador y otro: si influyen factores como la experiencia laboral, qué pasará con los jóvenes, y si priorizamos a la juventud, qué pasará con los veteranos; qué tipo de ayuda estatal recibirán los excedentes, por cuánto tiempo sería; se implementará algún tipo de bolsa de empleo cuentapropista para que las personas encuentren un trabajo lo antes posible; los trabajadores liberados recibirían una ayuda proporcional al salario que cobraban. Y la lista sigue… de lo que podemos estar seguros es de que, si el salario normal no alcanza para sufragar los gastos mensuales de la familia, la ayuda que el estado promete será mucho menos suficiente.


Si bien la retribución monetaria de un trabajo estatal en Cuba no se corresponde con las necesidades de una familia media (madre, padre y un hijo), es cierto que el salario es una entrada de dinero segura cada mes. No obstante, muchos prefieren no trabajar para el estado, o simplemente no trabajar en absoluto, y vivir de la compra-venta de artículos obtenidos ilegalmente. Sin embargo, ahora resulta que los perjudicados son aquellos que están vinculados, los que realizan algún aporte, en mayor o menor medida, al estado. ¿Entonces son los trabajadores los que causan pérdidas al país?

La realidad actual es bien compleja, el descarrilamiento de la economía cubana durante los últimos 20 años está en boca de todos. La dirección del país ha despertado por fin y ahora se disponen a tomar medidas para dejar atrás aquellas prácticas ociosas, pero está por verse si se logra un resultado justo. Lo cierto es que, por un lado, la correcta solución a esta coyuntura lleva un peso importante en el desarrollo de la economía cubana, pero por otro lado sopesa el concepto de justicia social que ha ostentado la revolución desde sus inicios. ¿Haremos lo justo o lo correcto?

Ojalá dentro de cinco o seis años no tengamos que hacer campañas en los medios de comunicación para pedirle al pueblo que regrese a las empresas estatales.

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Los que se fueron (I)

02/09/2009
Por Marcel Gómez

Recién había terminado mi carrera en la Universidad de la Habana, dejando en el pasado la hiperactiva etapa de estudiante, de universitario, y de mantenido también. Como es natural (no popular) sentí el deseo de trabajar, desarrollarme como profesional, y comenzar una nueva etapa en mi vida. Pero por otro lado, en aquel momento no hice conciencia de que ese cambio traía consigo otras desventuras, por cierto, naturales también.

Durante los cinco años de carrera tuve la suerte de encontrarme con gente de todo tipo: gozadores, risueñas, fiesteros, buenos amigos, supuestos amigos, autosuficientes, individualistas, y quizás alguna otra especie que ahora se me queda. Esa variedad me dio la oportunidad de aprender a reconocer lo bueno y lo malo de los demás, aceptar a cada cual con sus maneras, o no aceptarlo. Pero, entre todos, los más importantes son aquellos que se convirtieron en amigos. Los que desde el principio estudiamos en el césped de la Plaza de Cadenas para las pruebas de Análisis, los que compartían la risa, esos que se esmeraban para ayudar al otro, o sencillamente estaban en el momento exacto donde se les necesitaba. En aquellos largos y disfrutados años cultivamos una amistad que, puedo confirmar, no tiene fronteras. Pero, por razones diversas, el final de la carrera se convertía en el principio de otra aventura hasta entonces imposible de comprender: mis amigos comenzaron a irse del país.

Un origen, múltiples destinos

que aventurera que se ha vuelto la juventud, le da lo mismo Tokio, Barcelona, que Moscú - Fragmento de la canción Catalejo, del grupo cubano Buena Fe

Los destinos eran variados, cada cual tomaba su rumbo de las maneras más inusitadas: maestrías en especialidades raras que nada tenían que ver con sus estudios, viajes de trabajo que se convertían en aventones para brincar fronteras, eventos de la especialidad, doctorados en Europa o reclamaciones familiares, en fin. De esas formas cada cual iba tomando su rumbo hacia nuevas vidas, dejando atrás familiares y amigos que pronto comenzamos a extrañarlos a sobremanera.

Pero así es la vida, cada cual elige su camino y lo alimenta de esperanzas y optimismo para acercarlo a su ideal. Claro que no soy capaz de criticarlos, al contrario, me sumo al deseo de que sean felices y cumplan sus sueños donde quiera que estén. No cambia la raíz de un hombre el lugar donde el destino lo ubique, como tampoco cambia el aprecio cuando siempre ha sido real.

Amigos

Nada va a borrar el recuerdo de los cientos de botellas de ron que nos tomamos en el parque, el Malecón o las discotecas; ni los chistes que hacía el gordo del “piquete” para encender el momento; ni las madrugadas de playa y guitarra en los campismos; ni los sábados que íbamos a la biblioteca Villena para estudiar porque la prueba venía brutal; ni los debates políticos de actualidad; ni las colas de la 400 para irnos a Guanabo; ni las veces que nos botaron del aula; ni las fiestas de cada Diciembre por los cumpleaños colectivos; ni los bailables en la UH; ni el “chucho” con los papelitos en las peñas de la facultad; ni las miles y miles de fotos que nos tomamos para dejar una herencia visible de aquella época… en fin. Pueden pasar muchas cosas, malas y buenas, que siempre quedará el sabor de aquellos días que andábamos por un solo camino.

Ahora, que sean felices a su manera, que busquen su futuro donde crean encontrarán suerte y aventuras, métanse en política si quieren, encuéntrense en bares y cantinas a ver el fútbol de la Liga Española, visiten los lugares que aquí vemos por la TV. Hagan lo que les dé la gana, pero recuerden que en nuestra Cuba se les quiere siempre.





Los que se quedaron (II)

03/09/2009
Por Marcel Gómez

Cuando decidí hacerme un espacio en la web para compartir mis ideas, uno de mis principales objetivos era referirme a mis amigos. Ellos representan una parte importante en mi formación como persona. Ya en “Los que se fueron” hice alusión a un tema que se repite en Cuba, y es la desmesurada emigración de jóvenes que, después (o antes) de terminar sus estudios, deciden buscar mejor suerte en otro país. Esta lectura pretende tocar la contraparte del tema anterior, así que va más por el camino de los que nos quedamos aquí, nuestras formas de lidiar con las separaciones, y cómo nos dedicamos a mantener el contacto con aquellos que ya no están tan cerca.

A mí ya no me alcanzan los dedos de manos y pies para contar los amigos que han tomado el boleto de ida sin regreso. Sin preverlo a veces, aparecía una baja de matrícula gritando a todas voces que la partida está cerca. Para esos momentos ya tenemos una frase: “Uno más, uno menos… y el último que apague el Morro”.

Malecón de la Habana

Malecón de la Habana, uno de los tantos testigos de nuestra amistad.

Cuando la ola de despedidas se hace más tenue nos vamos enumerando los que quedamos de este lado del mar, así cada vez somos menos y tales circunstancias nos convidan a unirnos más. Pero siempre queda el sentimiento de ausencia, el temor a una soledad inminente si las cosas siguen como van. El que hoy despide quizás será despedido en un futuro. “Un día puedo ser yo el único que queda aquí de aquellos tiempos” – algo así resuena en mi mente con cada adiós.

“En un grupo social cada ente cumple una función específica” –no lo inventé yo, algo así leí en un libro de psicología cuando me tocó estudiarla. Pero no hay que ser psicólogo para darse cuenta de que cuando se le quiebra una pata a la mesa, por muchas que le queden, siempre estará más cerca de quedarse coja. Así pasa con un grupo de amigos cuando, poco a poco, se va desmenuzando.

Si antes las fiestas eran en casa del amigo que ya no está, ahora tendrán que ser en casa del otro, o en casa de nadie. Si él, o ella, eran los del consejo oportuno, adiós consejo. Si era quien cantaba en las madrugadas de playa, ahora la arena será más silenciosa. Si era a quien recogías para ir a la facultad todos los días, solo queda andar solo. Y así se desenmascaran múltiples rostros de esa soledad que se hace presente cada día.

Pero uno, aunque no tan feliz, siempre busca la manera de acercarse a esos que fueron, y seguirán siendo, los amigos de toda la vida. Mantener una amistad de lejos no es fácil, de eso podemos estar convencidos, no es tocar a una puerta, llamar por teléfono todos los días, o vernos en el mismo lugar cada mañana.

Las respuestas para reducir tamaña lejanía casi siempre la encontramos en la tecnología, algo que aquí es todavía un tema casi utópico para los que andamos por las redes cada día. ¿Cómo lo hacemos? Pues nos creamos una cuenta en todos y cada uno de los blogs, redes sociales, proveedores de correo electrónico, y sitios web de contacto que conocemos: Facebook (siempre en 1er lugar), Badoo, Sonico, WordPress, Gmail, Yahoo!, AIM, Meebo, Twitter, y el nacional Infomed. Con esos medios enviamos fotos, cartas, noticias, opiniones, comentarios, estados de ánimo, y todo lo que pueda expresar cómo nos sentimos en un momento del día.

Y así andamos, esperando la mínima oportunidad para conversar como antes, recordar buenos momentos, saber del trabajo, la maestría, la familia y las jevitas. Pero, de todas, la pregunta más recurrente siempre cae – ¿Cuándo nos tomamos unos lagers? – Claro que tiene que ser aquí, porque mis planes de viajar en vacaciones, o porque me da la gana, son puras fantasías; no porque no quiera, sino porque los ahorros no me alcanzan (ahora que lo menciono, ¿ahorros?).

Entonces amigos, antes de que esto se convierta en “Los que viajan y los que no viajamos”, déjenme terminar diciéndoles que no importa la distancia, mucho menos el tiempo que podamos estar sin comunicarnos por cualquier razón, lo único que importa cuando se tiene un amigo es luchar por mantener esa amistad y demostrarla cada minuto para que perdure a través de los océanos, los meses, y las políticas.
Mis amigos serán mis amigos para toda la vida.